
La clave para lucir impecable tras un vuelo de 13 horas
Ya sabes cómo va. Subes al avión con aspecto de tener la vida bajo control y, trece horas después, bajas arrastrándote como si hubieras dormido en un archivador. El aire de la cabina le ha robado a tu piel hasta la última gota de hidratación y, de algún modo, hay un granito en tu frente que parece crecer por segundos. Pero no tiene por qué ser así.
Prepárate en serio
La versión de ti que hizo la maleta tres días antes y organizó el itinerario por colores creyó sinceramente que haría una rutina facial completa en un baño del tamaño de un armario de escobas. No lo harás. Haz los deberes antes de embarcar. Una buena limpieza, una hidratante que tu piel pueda ir absorbiendo poco a poco durante las próximas doce horas y, por supuesto, nada de base de maquillaje. Tu yo del futuro, ese que parpadea bajo las luces fluorescentes de la zona de recogida de equipajes, te lo agradecerá mentalmente. Este no es el momento para el sérum que compraste en el duty-free porque el frasco parecía caro.
Tu reinicio a mitad de vuelo
En algún punto sobre el océano, te despertarás con la boca abierta y un cerco seco de baba instalándose en tu barbilla. No, no. Podemos hacerlo mejor. Un antifaz de seda para dormir
La última hora
No te lances a por el corrector en cuanto las ruedas toquen la pista. Tu piel está sedienta, no portándose mal. Una última capa de hidratación en el tramo final antes de aterrizar, un bálsamo labial que de verdad haga algo y un toque de agua fría para recordarle a tu rostro que hoy tiene trabajo. Cepíllate los dientes. Sabes perfectamente por qué.
Lucir fresca después de un vuelo de larga distancia no va de bajar por la pasarela como si te hubieran traído en helicóptero desde un spa. Va de tomar las decisiones más pequeñas y menos fantasiosas antes de que tu cerebro desconecte del todo. La versión de ti que guarda el antifaz de seda para dormir















